Los primeros 100 millones de semillas que alberga la llamada popularmente Bóveda del Juicio Final, el mayor banco de recursos agrarios del mundo, franquearon ayer las acorazadas puertas del complejo y fueron depositadas con orden estricto en estanterías de metal protegidas del exterior. Y allí permanecerán durante décadas, incluso siglos, a buen recaudo de cualquier cataclismo que pueda acontecer en la Tierra.

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La Bóveda Global de Semillas, nombre oficial del proyecto, es un silo que se ha excavado en una montaña de arenisca de las islas Svalbard (Noruega), a apenas 1.000 kilómetros del polo Norte, con el objetivo de convertirlo en una versión moderna y vegetal del Arca de Noé. La elección del lugar no ha sido casual, puesto que el remoto archipiélago, en pleno círculo polar ártico, se encuentra lejos de cualquier foco de contaminación y de actividad sísmica o volcánica. Sin embargo, el principal factor ha sido ambiental, puesto que el emplazamiento garantiza que las semillas nunca soportarán una temperatura superior a los cero grados, necesaria para su correcta conservación, incluso en el caso de un colapso eléctrico. Por si fuera poco, el silo ha sido diseñado para soportar la caída de un avión, un misil nuclear o un aumento acusado del nivel del mar.

La entrada del silo, construido en Longyearbyen, el mayor asentamiento de las islas Svalbard, situadas en el Océano Glacial Ártico. La apertura oficial tuvo lugar el martes 26 de febrero de 2008.
ENTIDAD FILANTRÓPICA
La bóveda es una iniciativa del Fondo Mundial para la Diversidad de los Cultivos, una entidad filantrópica que se sufraga con donaciones, pero ha sido el Gobierno noruego quien ha asumido los costes de construcción del edificio, estimados en seis millones de euros. El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg; el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y la premio Nobel de la Paz del 2004, Wangari Maathai, participaron ayer en el acto simbólico de inauguración. Los tres depositaron en la cámara acorazada final, a la que se accede por un angosto túnel de 125 metros, variedades de arroz originarias de 104 países. El primer envío estaba formado por 676 cajas que pesaban un total de 10 toneladas.

La cámara acorazada está situada en el interior de una montaña, a unos 1.000 km del Polo Norte. El acceso al interior del búnker es un túnel de 120 metros de largo situado a 130 metros por encima del nivel del mar, para evitar posibles inundaciones.
La bóveda acogerá inicialmente muestras de 268.000 variedades cedidas por 20 instituciones científicas de todo el mundo, pero se espera llegar a 4,5 millones, más incluso que el número de especies vegetales conocidas. "Eso es posible porque el laboratorio está especializado en cultivares o variedades creadas por el hombre para la agricultura (explica el profesor Josep Maria Ninot, responsable del Centro de Biodiversidad Vegetal del Parc Científic de Barcelona (PCB-UB)). De arroz, por ejemplo, puede haber millares".
La moderna agricultura intensiva ha apostado por cruces de gran producción, pero ello ha tenido como inconveniente una pérdida de biodiversidad y de resistencia ante las plagas. Los responsables del proyecto de las Svalbard ponen como ejemplo que en China se cultivan actualmente 1.000 variedades de trigo, 10 veces menos que hace 20 años.

Cary Fowler, director ejecutivo del búnker, sostiene una muestra de semillas dentro de las instalaciones.
APUESTA POR 90 ESPECIES
Los promotores del silo ambiental han apostado por 90 especies que garantizan prácticamente el 99% del suministro agrario mundial, desde grandes cereales (trigo, arroz, maíz, sorgo, cebada, centeno) hasta tubérculos (mandioca, patata), legumbres y productos de huerta (tomate, cacahuete, lenteja, garbanzo, espinaca, zanahoria, acelga, cebolla), y frutales (plátanos). Muchas de las variedades han sido rescatadas del olvido en regiones remotas de la India, Nueva Guinea, Brasil o África central.
Las semillas han sido guardadas en paquetes sellados dentro de cajas cerradas herméticamente en cada una de las tres habitaciones en que se divide la cámara acorazada situada al final del silo. Allí permanecerán a una temperatura de --18°, lo que garantiza una baja actividad metabólica y un perfecto estado de conservación durante siglos. Solo en caso de que todas las fuentes de semillas de ese tipo hayan sido destruidas o se hayan agotado, podrán ser extraídas del almacén.

Un guarda armado vigila una de las entradas al silo para "que no se acerque quien no debe"
El depósito (subterráneo en su práctica totalidad) está tan informatizado que no necesita la presencia de vigilantes. Pese a ello, cuenta con las máximas medidas de seguridad, con cámaras ubicuas, cuatro puertas blindadas y la presencia desinteresada de los abundantes osos polares. La bóveda también ha sido decorada con acero y espejos para que en verano refleje la luz. "En el mundo hay más de un millar de bancos vegetales, aunque ciertamente ninguno de estas características", resume César Pérez Ruiz, catedrático de Biología Vegetal y responsable del banco vegetal de la Universidad Politécnica de Madrid.
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Fuente: elperiodico.cat
Fotos: adn.es